La pandemia puede ayudar a actualizar la universidad pública
Catedrático Emérito de la Universidad de Sevilla en el Departamento de Lenguajes y Sistemas Informáticos.
La pandemia puede ayudar a actualizar la universidad pública
En las últimas semanas se ha hablado mucho de la universidad pública española. Se están encontrando muchas imperfecciones, se ha amplificado hasta la saciedad la venta de títulos a algunos políticos interesados en la titulitis pero que no están interesados ni en conocimiento y menos en la tecnología, han aparecido institutos cuyo fin, parece ser era engrosar el bolsillo de alguno. ¿Pero es toda la universidad así? ¿Y si fuera así, merece la pena para un país tener una universidad así? Ya adelanto que estoy totalmente convencido de que la universidad no es así como la han intentado dibujar en algunos medios de comunicación. Y también estoy convencido de que un sector político no precisamente progresista está demostrando que le importa poco la universidad, su prestigio, su buen funcionamiento. Este sector político no da importancia a la universidad y no comprende que la sociedad española necesita una población formada para poder competir en el mundo en que vivimos. Que necesitamos buenos profesionales para que nuestras empresas produzcan los productos que necesitamos para vivir mejor. Que necesitamos buenos profesionales para que nazcan empresas aquí en España que compitiendo con otras a nivel internacional generen valor añadido y, a su vez, generen puestos de trabajo de calidad. Los políticos de ese sector, como digo no precisamente progresista, hablan de boquilla. Hablan de la necesidad de la formación. Pero por formación entienden simplemente el tener un título que ellos consiguen fácilmente porque creen que la universidad es suya y por lo tanto se merecen obtener un título sin esfuerzo. Además, están convencidos que todos hacen lo mismo y, por lo tanto, al ser tan sencillo obtener un grado, un máster o un doctorado, no es necesario financiar la universidad. Total, para obtener un título, con lo fácil que ha sido para algunos de ellos, no es necesario muchas inversiones, piensan ellos.
Pero hay gran consenso en que un país necesita para su desarrollo, para competir a nivel internacional, para que se creen empleos de calidad necesita una buena, a ser posible muy buena, universidad. Una universidad que forme buenos profesionales capaces de aportar las tecnologías disponibles a las empresas españolas y de grupos de investigación punteros que sean capaces de crear nuevas tecnologías y generar nuevo conocimiento científico. Creo que la formación de buenos profesionales y de grupos de investigación punteros es el objetivo de la universidad y para conseguirlo se necesita más inversión pública. Una inversión pública que es muy rentable a medio plazo para la sociedad. Una inversión pública que los países más adelantados, Alemania, Reino Unido, Japón, Estados Unidos, etc., han mantenido incluso aumentado en los últimos años mientras que España ha bajado esta inversión en proporciones claramente alarmantes en los últimos años. Este descenso en la inversión pública está produciendo la fuga de muchos de nuestros mejores cerebros buscando mejores oportunidades. Esto es empobrecer al país. Pero la universidad pública necesita, además de más inversión, una nueva gobernanza. Una nueva forma de rendir cuentas ante la sociedad a la que debe servir. La universidad pública española ha mejorado muchísimo desde los años 80. En aquellos años era una universidad provinciana, incluso las de Madrid y Barcelona, con contenidos obsoletos en la mayoría de las asignaturas que se impartían y los pocos grupos de investigación que existían, salvo honrosas excepciones, completamente desconectados del escenario mundial de investigación. Ahora hay bastantes grupos de investigación, no los suficientes, muy conectados a nivel mundial que pueden competir y si codean con los mejores y un profesorado universitario más al día de las tecnologías disponibles.
Pero, aunque ha mejorado mucho desde los años 80, la universidad pública necesita mejorar más y, como he dicho antes, no sólo se necesita más inversión se necesita cambiar la gobernanza universitaria. Se necesita que el poder político comprenda la necesidad de una buena universidad y que priorice las líneas de investigación necesarias para el país, que priorice y especialice las universidades. Posiblemente unas más focalizadas a investigación puntera con recursos para contratar a los mejores investigadores que formen buenos grupos de investigación competitivos mundialmente. Posiblemente otras universidades con un perfil más docente más centradas en formar profesionales para la industria local existente. Esto implica una especialización del profesorado universitario. Esto implica una carrera diferente para los funcionarios de las universidades públicas. Esto implica una mayor participación de la sociedad en las grandes decisiones de la universidad. En si se abre un nuevo grado o se cierra. En si se abre una nueva Facultad o se cierra. En si se priorizan los recursos de una universidad hacia un fin u otro. La sociedad debe tener un papel más decisivo para valorar los resultados de departamentos, centros universitarios y profesores concretos y a partir de ahí poder tomar decisiones que orienten la universidad hacia los intereses de la sociedad. Claramente hace falta más transparencia. Pero más transparencia teniendo claro el objetivo que se busca. Debe ser más claro para la sociedad los egresados que encuentran trabajo y los que no, los departamentos y centros que hacen bien su trabajo y los que no. Incluso los profesores concretos que hacen bien su trabajo y los que no. La comunidad universitaria no debe ser la única que opine en la elección de un rector y su equipo. El director de un departamento o un centro no puede ser elegido solamente por los profesores de ese departamento o centro. Si queremos hacer que la universidad sea más útil para la sociedad tenemos que conseguir cambiar todas esas cosas. Es lo que se llama cambiar la gobernanza universitaria. Este cambio necesario no tiene nada que ver con lo que está apareciendo últimamente en los periódicos. A raíz de las noticias de prensa se pide más controles burocráticos, pero sólo eso. Más controles burocráticos solamente empeorarían la situación. Hace falta un cambio más profundo. ¿y si está tan claro por qué no se hace?
No se hace porque hay grandes intereses en contra. Los partidos políticos gobernantes en la última década han decidido que les interesa poco la universidad. Que intentar cambiar algo sólo puede ser una fuente de problemas para ellos. Han decidido atacar el problema de otra manera: la universidad no les interesa, pero como no quieren reformarla por el miedo a fuertes contestaciones del sector universitario, han optado simplemente por bajar paulatinamente su presupuesto. Una muerte lenta. El sector universitario, no siempre progresista, defenderá su statu quo. Por mucho que se diga, tras la crisis y por término medio, el sector universitario, en el cual me incluyo somo un sector privilegiado. Este sector no está interesado que perder algunos de sus privilegios. Claramente hace falta discriminar los profesores, centros y departamentos que lo están haciendo bien y premiarlos. Pero con recursos limitados esto llevará consigo que otros no lo sean. El problema es que esos otros son mayoría y eligen al rector, etc.
La universidad necesita cambios que no tienen nada que ver con lo que está saliendo en los periódicos. Los cambios no pueden venir del interior del mundo universitario. Estos cambios tienen que ser liderados por un partido político que crea que hace falta una universidad de más calidad. Pero ¿hay algún partido político disponible para esta tarea? Si no lo hay lo necesitamos.
En primer lugar, quiero agradecer a la SCIE y en particular al Jurado de los Premios Nacionales de Informática el haberme concedido este premio a la trayectoria profesional. También quiero agradecer la iniciativa a las personas que presentaron mi candidatura al premio. Gracias.
En segundo lugar, quiero felicitar a mis compañeros premiados: Mario y Nuria. Mario Piattini ha sido capaz, en muy poco tiempo, de construir un grupo de investigación y una línea de investigación en Ingeniería del Software que es referente a nivel internacional. Nuria Oliver es una investigadora de referencia mundial, una de las mujeres investigadoras en informática más citadas en España. También felicito a los premiados en los Premios de Investigación. Es un honor compartir premio con todos ellos.
Quiero aprovechar esta tribuna para recordar la evolución de la SCIE y hacer algunas propuestas de futuro. La SCIE es ya una sociedad madura. Debemos agradecer a Francisco Tirado la iniciativa de ponerla en marcha allá por el tiempo en que se celebró el primer CEDI organizado en Granada. Esto era por el año 2005. Desde entonces la SCIE ha dado solidez a los CEDIs, se ha dado estabilidad a los Premios Nacionales de Informática y, recientemente, en colaboración con la Fundación BBVA, se han creado seis premios para jóvenes doctores en informática. Un hito muy importante en la maduración la SCIE ha sido la publicación del Rating de Congresos de GII-GRIN-SCIE en colaboración con las sociedades italianas de informática.
Ahora debemos abordar nuevos retos. Quisiera proponer tres.
Estoy convencido de que la Informática es una Ingeniería madura. Desde la SCIE se han hecho esfuerzos para acercar al mundo de la informática a las Ingenierías clásicas y aprender de su experiencia. Entre estos esfuerzos han estado las entregas, en los años anteriores, de los Premios Nacionales de Informática en la Real Academia de Ingeniería. Pero surgen nuevos debates en la relación de la Informática con la Ingeniería. Me quiero referir en concreto al mundo del Big Data y las profesiones que están surgiendo alrededor. Se están ofertando Masters para formar a científicos de datos. Se habla que el mundo del Big Data necesita Científicos de Datos. Pero se habla poco de Ingenieros de Datos. Claramente un Ingeniero, en general, debe conocer la ciencia disponible. En particular en el caso del Ingeniero de Datos debe conocer los algoritmos disponibles para analizar los datos, agruparlos, hacer predicciones, etc. Pero un Ingeniero necesita muchas más capacidades: gestión de equipos, el mantenimiento de la infraestructura, tratar con los clientes, evaluar y gestionar los costes, decidir el software y hardware adecuado y adquirirlo, etc. Son habilidades que debe tener el Ingeniero de Datos. En definitiva, debe saber mantener una infraestructura a un coste adecuado y gestionar los recursos humanos necesarios. Creo que en el mundo del Big Data debemos formar Ingenieros de Datos y no solamente Científicos de Datos. Si no lo hacemos nosotros, los informáticos, lo harán otros.
El segundo reto es el impulso a la Competencia Digital y Pensamiento Computacional en el ámbito de la Enseñanza Primaria y Secundaria. Hay un creciente interés internacional por la enseñanza de las TIC en los niveles educativos preuniversitarios. La UE ha elaborado directrices para el desarrollo de la competencia digital de sus ciudadanos para la vida laboral, incluyendo que la formación de los niños les prepare para dicha capacitación laboral. España está muy atrasada en este tema. Desde la SCIE se han puesto en marcha algunas iniciativas al respecto: Premio Alan Turing para alumnos de secundaria y la creación de un grupo de trabajo en Competencia Digital y Pensamiento Computacional. Ambas en colaboración en colaboración con la CODDI. El presidente, Antonio Bahamonde, está haciendo esfuerzos en este sentido, pero necesita de la ayuda de todos para convencer al Ministerio y a los Gobiernos de las diferentes autonomías.
El tercero tiene que ver con la situación de incertidumbre en la que vive la actividad investigadora en nuestro país que está obligando a muchos de nuestros jóvenes investigadores a buscar su futuro profesional fuera de España. En ese marco la investigación española en informática sigue creciendo en calidad y en reconocimiento y presencia internacional pero la inversión en investigación sigue siendo baja y sin perspectivas de que aumente. Tampoco se están planificando objetivos y prioridades para la investigación. ¿Qué podemos hacer? Claramente, como sociedad, debemos seguir pidiendo que aumente la inversión en investigación en Informática. Pero esto no es suficiente. Tenemos que proponer prioridades de investigación en informática que permitan acercar, aún más, la investigación universitaria a las necesidades de la sociedad. Tenemos que proponer prioridades que orienten las líneas de investigación de los grupos que investigan en informática. Tenemos que abordar este objetivo desde la SCIE porque no se está haciendo desde otros ámbitos. Es un objetivo complejo, pero otros, como el rating de congresos, también lo eran y los conseguimos.
La comunidad de Ingeniería del Software debería más aprovechar las técnicas de simulación. Hay muchas áreas en las que la simulación se puede aplicar para apoyar el desarrollo de software y la adquisición de productos software. Tales áreas incluyen entre otras la mejora de procesos. Las herramientas de simulación son ahora maduras. Es conveniente crear conciencia sobre la utilidad e importancia de la simulación en apoyo de la ingeniería de software. La simulación es más que una tecnología, ya que obliga a uno pensar el comportamiento del sistema en términos globales y tener en cuenta que los sistemas son más que la suma de sus componentes.
Los procesos de software pueden contener varios bucles de retroalimentación, como la asociada con corrección de defectos de diseño o código. Los retrasos resultantes de estos efectos pueden variar desde minutos hasta años. La complejidad como resultado de estos efectos y sus interacciones hace que sea casi imposible para los humanos predecir las consecuencias. El modelado y la simulación pueden ayudarnos a comprender mejor los procesos y tomar decisiones los mismos.
Con motivo de la inauguración del curso académico 2015-2016 del Programa de Doctorado de Ingeniería Informática he preparado una revisión de las técnicas de modelado y simulación disponibles. Las transparencias se pueden encontrar aquí y un material escrito aquí.
Esta edición de los Premios Nacionales de Informática 2013 sigue marcada por la situación que soporta nuestra comunidad, y en general todo el sistema de I+D+i, que ha sufrido recortes importantes y está viviendo una incertidumbre sobre el futuro.
Una incertidumbre que impide una planificación razonable de la actividad investigadora y que está obligando a muchos de nuestros jóvenes investigadores a buscar su futuro profesional fuera de España. A pesar de esta situación de incertidumbre la investigación española en informática sigue creciendo en calidad y en reconocimiento y presencia internacional. Prueba ello es la calidad de los premiados en los premios José García Santesmases y Aritmel. Los profesores Francisco Tirado y Pedro Larrañaga.